El desplazamiento de los independientes hacia el Partido Demócrata, el deterioro de la aprobación de Donald Trump y una mayor intención de participación electoral están modificando el escenario a menos de dos meses de las elecciones legislativas de Estados Unidos.
Los demócratas llegan fortalecidos al tramo final de las elecciones de medio término de Estados Unidos: nuevos datos de Gallup muestran que el partido y los independientes que se inclinan hacia él aventajan por diez puntos porcentuales a los republicanos y sus simpatizantes, la mayor diferencia registrada desde 2008.
El cambio representa un vuelco considerable respecto de 2024, cuando los republicanos mantenían una ligera ventaja en identificación e inclinación partidaria.
La tendencia comenzó a hacerse evidente durante el primer año del segundo mandato de Donald Trump. Gallup ya había registrado en 2025 que el desplazamiento se producía principalmente entre los electores independientes, un segmento con vínculos menos firmes con cualquiera de los dos grandes partidos estadounidenses.
Ese movimiento se ha profundizado durante 2026.
Los datos recopilados por Gallup y analizados por The New York Times colocan actualmente a los demócratas en una posición comparable con momentos anteriores en los que el partido obtuvo importantes victorias electorales, particularmente las elecciones legislativas de 2018 y las presidenciales de 2020.
Pero existe una advertencia importante: identificarse o simpatizar con un partido no equivale necesariamente a votar por él.
Los independientes suelen registrar niveles de participación inferiores a los votantes fuertemente identificados con republicanos o demócratas, por lo que el resultado dependerá finalmente de cuál partido consiga movilizar mejor a sus simpatizantes el próximo tres de noviembre.
Trump se convierte en un problema para los republicanos
El giro del electorado coincide con un deterioro considerable en la popularidad del presidente Donald Trump.
Una encuesta Reuters/Ipsos publicada a finales de agosto colocó su aprobación en apenas un treinta y tres por ciento, uno de los niveles más bajos de su trayectoria política.
El costo de vida, la inflación y la guerra con Irán aparecen entre los principales factores de descontento.
El mismo estudio encontró además una diferencia significativa en entusiasmo electoral: un cuarenta y seis por ciento de los demócratas dijo estar “muy entusiasmado” con votar en noviembre, frente a solo un treinta y uno por ciento de los republicanos.
Entre los independientes, treinta y seis por ciento afirmó que votaría por candidatos demócratas al Congreso, contra veintidós por ciento que se inclinaba por los republicanos.
Diferentes encuestas apuntan en la misma dirección
La ventaja demócrata no aparece únicamente en los datos de Gallup.
Una encuesta del Pew Research Center realizada entre votantes registrados mostró una ventaja de seis puntos en la intención de voto genérica para la Cámara de Representantes: cuarenta y tres por ciento para los demócratas frente a treinta y siete por ciento para los republicanos.
Otros estudios durante el verano han mostrado diferencias incluso superiores.
Sin embargo, las elecciones estadounidenses no se definen mediante un único voto nacional. Cada escaño de la Cámara y del Senado se disputa individualmente, por lo que la distribución territorial del voto puede producir resultados diferentes de los que sugiere una encuesta nacional.
La redistribución de distritos electorales realizada en varios estados también introduce otra variable que podría beneficiar a los republicanos en algunas contiendas.
El Congreso está en juego
Las elecciones del tres de noviembre decidirán las cuatrocientas treinta y cinco bancas de la Cámara de Representantes y una parte del Senado.
Los republicanos llegan a la elección defendiendo mayorías estrechas en ambas cámaras.
Para los demócratas, recuperar al menos una de ellas tendría consecuencias inmediatas sobre los últimos dos años del mandato de Trump.
Una Cámara controlada por la oposición podría bloquear parte de su agenda legislativa, abrir nuevas investigaciones mediante comités del Congreso y ejercer mayor presión sobre las decisiones de la Casa Blanca.
El Senado, por su parte, resulta especialmente importante para la confirmación de jueces y altos funcionarios del gobierno.
La situación explica por qué Trump ha decidido involucrarse personalmente en la campaña y ha pedido públicamente a sus seguidores comportarse como si él mismo estuviera nuevamente en la papeleta.
La estrategia genera, sin embargo, una paradoja para el Partido Republicano: Trump sigue siendo indispensable para movilizar a su base electoral, pero su baja aprobación entre independientes puede convertirse al mismo tiempo en una carga para candidatos que necesitan atraer votantes fuera del núcleo republicano.
Una ventaja importante, pero todavía no una victoria
Los números colocan actualmente a los demócratas en una posición claramente más favorable que hace un año.
Pero la historia de las elecciones estadounidenses aconseja prudencia.
La participación, la calidad de los candidatos, las campañas locales, la economía durante las próximas semanas y acontecimientos inesperados pueden modificar rápidamente carreras que hoy parecen inclinadas hacia alguno de los partidos.
Por ahora, el dato político más significativo es otro: el pequeño impulso republicano que acompañó el regreso de Trump a la Casa Blanca parece haberse revertido.
Y, a menos de dos meses de las elecciones de medio término, una parte creciente de los independientes estadounidenses está mirando nuevamente hacia el Partido Demócrata.