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A ocho meses de las elecciones presidenciales, Francia entra anticipadamente en una campaña que puede modificar el equilibrio político europeo. Marine Le Pen llega fortalecida y con ventaja en los sondeos, mientras Gabriel Attal, Édouard Philippe, Jean-Luc Mélenchon y Raphaël Glucksmann disputan el espacio desde el cual intentar impedir una victoria del Reagrupamiento Nacional.

Francia comienza a mirar hacia 2027 mucho antes de que llegue oficialmente la campaña electoral.

Las próximas elecciones presidenciales se celebrarán el 18 de abril de 2027, con una eventual segunda vuelta prevista para el 2 de mayo. Emmanuel Macron no podrá competir nuevamente después de completar los dos mandatos consecutivos permitidos por la Constitución, convirtiendo estos comicios en la primera elección presidencial francesa desde 2012 sin un presidente en funciones buscando permanecer en el Elíseo.

La ausencia de Macron abre una batalla por la sucesión que encuentra a una candidata particularmente fortalecida: Marine Le Pen.

La dirigente del Reagrupamiento Nacional anunció oficialmente su candidatura el pasado 7 de julio, después de que una sentencia de apelación redujera la pena de inhabilitación que amenazaba con impedirle participar. Aunque continúa recurriendo su condena por malversación de fondos europeos, la pena no se ejecutará mientras se resuelve ese recurso, por lo que actualmente mantiene abierta la vía para competir por la presidencia.

Le Pen ya no busca solamente llegar a la segunda vuelta

La diferencia respecto de anteriores elecciones es considerable.

Durante años, el gran objetivo de la derecha radical francesa consistió en acceder a la segunda vuelta y después intentar romper el denominado “frente republicano” que agrupaba a votantes de distintas tendencias contra el Reagrupamiento Nacional.

En 2027, el escenario puede ser diferente.

Los sondeos publicados después de que Le Pen anunciara su candidatura han llegado a proyectarla ganadora incluso en escenarios de segunda vuelta. Una encuesta difundida en julio le otorgaba entre 54% y 55% frente a candidatos del bloque centrista y una ventaja todavía mayor frente a Jean-Luc Mélenchon. Se trata de fotografías electorales tomadas muchos meses antes de la votación, pero muestran hasta qué punto ha cambiado la posición política del RN.

Su candidatura, además, ha ocupado prácticamente todo el espacio político de la derecha radical. Otros posibles aspirantes tienen dificultades para competir por el mismo electorado mientras Le Pen conserva una fuerte identificación con la base del movimiento.

El centro busca heredero para Macron

Frente a ella aparece un espacio centrista mucho más fragmentado que en las elecciones anteriores.

Gabriel Attal, ex primer ministro y actual dirigente de Renacimiento, formalizó en mayo su candidatura presidencial y busca construir un proyecto capaz de conservar parte de la coalición que llevó a Macron al poder, pero intentando al mismo tiempo marcar distancia respecto al desgaste acumulado por el macronismo.

También compite Édouard Philippe, ex primer ministro y alcalde de Le Havre, quien desde hace meses aparece como otra de las principales alternativas del centro y la centroderecha francesa. Su victoria en las municipales de marzo reforzó su posición dentro de la carrera presidencial.

La existencia de varias candidaturas dentro de este espacio crea uno de los mayores problemas estratégicos para el centro: quién consigue convertirse en el candidato capaz de llegar a la segunda vuelta frente a Le Pen.

Con Macron fuera de la papeleta, ya no existe una figura dominante alrededor de la cual se organice automáticamente ese electorado.

La izquierda también llega dividida

La izquierda francesa enfrenta un problema similar.

Jean-Luc Mélenchon, líder de La Francia Insumisa, ya ha lanzado su campaña intentando presentarse como el principal adversario político del Reagrupamiento Nacional. Su candidatura cuenta con una importante base electoral, pero genera también rechazo entre sectores moderados y socialdemócratas.

En paralelo, Raphaël Glucksmann, dirigente de Plaza Pública, intenta construir una alternativa de centroizquierda más europeísta y menos confrontativa.

La posibilidad de que diferentes candidatos se repartan el voto de izquierda aumenta la incertidumbre sobre quién podría alcanzar la segunda vuelta presidencial.

La desinformación entra en campaña ocho meses antes

Pero la elección francesa ya enfrenta además un desafío que trasciende las tradicionales divisiones partidarias.

Gabriel Attal, Édouard Philippe y Raphaël Glucksmann denunciaron recientemente campañas de desinformación atribuidas por las autoridades francesas a redes vinculadas con Rusia. Entre las operaciones detectadas se utilizaron falsos contenidos periodísticos y logotipos de medios franceses para difundir afirmaciones fabricadas contra los candidatos.

El episodio ha llevado la injerencia extranjera y la manipulación digital al centro del debate electoral mucho antes del inicio formal de la campaña.

Francia prepara ahora medidas más duras contra este tipo de operaciones, mientras los candidatos reclaman mayor responsabilidad de las plataformas digitales.

El primer gran choque se acerca

La campaña tendrá uno de sus primeros momentos importantes el 27 de agosto, cuando varios de los principales aspirantes tienen previsto participar en uno de los primeros grandes debates televisivos de la carrera hacia el Elíseo.

Será apenas el comienzo de una competencia que se extenderá durante ocho meses, pero permitirá medir por primera vez directamente a buena parte de quienes pretenden suceder a Macron.

La elección francesa de 2027 tendrá además implicaciones que difícilmente quedarán limitadas a sus fronteras.

Francia es una potencia nuclear, miembro permanente del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y uno de los principales motores políticos, económicos y militares de la Unión Europea. Un cambio profundo en su orientación política podría modificar las posiciones europeas sobre inmigración, defensa, integración comunitaria, Ucrania y las relaciones con Estados Unidos. La dimensión europea de la elección explica por qué la carrera hacia el Elíseo comienza a ser observada mucho más allá de París.

Por primera vez, Marine Le Pen llega a una elección presidencial no solamente con posibilidades de alcanzar la segunda vuelta, sino con encuestas que plantean seriamente la posibilidad de que pueda ganarla.

El gran interrogante de los próximos meses será, por tanto, si el centro y la izquierda francesa consiguen construir una candidatura suficientemente competitiva para detenerla o si 2027 terminará convirtiéndose en el año en que el Reagrupamiento Nacional alcance finalmente el Palacio del Elíseo.