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Chavismo y oposición buscan reconstruir las instituciones y establecer una ruta hacia nuevas elecciones, mientras Washington adquiere un papel determinante en el proceso y María Corina Machado permanece fuera de la mesa de diálogo.

Venezuela ha entrado en una nueva etapa de negociación política que podría definir el futuro institucional del país. Representantes del chavismo y de un sector de la oposición mantienen desde el 6 de agosto conversaciones en Caracas bajo un fuerte acompañamiento de Estados Unidos, con el objetivo declarado de establecer las condiciones para unas nuevas elecciones y reconstruir instituciones fundamentales del Estado.

Las conversaciones enfrentan, sin embargo, una situación inédita. Washington no actúa únicamente como facilitador externo, sino como uno de los actores con mayor influencia sobre la hoja de ruta que intenta conducir a Venezuela hacia una transición política.

El proceso reúne al Gobierno encabezado por Delcy Rodríguez y representantes opositores liderados por Dinorah Figuera. Por el chavismo participa, entre otras figuras, Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional.

El primer ciclo de conversaciones permanecerá abierto hasta el 12 de agosto y ya se acordaron tanto una metodología de negociación como los principales asuntos que deberán abordarse.

Un nuevo sistema electoral y judicial

Uno de los principales objetivos de las negociaciones es modificar las instituciones responsables de organizar y supervisar futuras elecciones.

Entre las prioridades se encuentra la renovación del Consejo Nacional Electoral y la reconstrucción del sistema judicial, además de la revisión de las inhabilitaciones políticas que durante años han impedido competir electoralmente a dirigentes opositores.

También se discute un nuevo calendario electoral que eventualmente permita celebrar elecciones presidenciales, parlamentarias y regionales bajo condiciones diferentes a las existentes durante los últimos años.

La intención es crear un marco institucional que permita recuperar progresivamente la competencia electoral y otorgar mayores garantías tanto al oficialismo como a la oposición.

Sin embargo, alcanzar acuerdos sobre estas reformas será probablemente una de las partes más complejas de la negociación, debido a que implica modificar estructuras que durante años estuvieron bajo fuerte influencia del chavismo.

María Corina Machado queda fuera de las conversaciones

Uno de los elementos más controvertidos del proceso es la ausencia de María Corina Machado.

Pese a haberse convertido en una de las principales figuras de la oposición venezolana, Machado no forma parte de la mesa negociadora. Washington ha respaldado una representación opositora encabezada por Dinorah Figuera para esta primera etapa de conversaciones.

Su exclusión genera dudas sobre la representatividad de los acuerdos que puedan surgir.

Machado, sin embargo, ha evitado hasta ahora convertirse en un obstáculo directo para el proceso, mientras continúa pendiente la discusión sobre la eliminación de las inhabilitaciones políticas que afectan a dirigentes opositores.

Las primeras señales de apertura

El proceso ya ha producido algunos gestos interpretados como señales de distensión.

Uno de ellos fue la libertad plena concedida a la jueza María Lourdes Afiuni después de más de 16 años de proceso judicial, un caso que durante años fue señalado internacionalmente como símbolo de la persecución política y de los problemas de independencia judicial en Venezuela.

La situación de los presos políticos forma parte del contexto que rodea las negociaciones y podría convertirse en uno de los indicadores utilizados para medir la voluntad real de las partes de avanzar hacia una apertura democrática.

También están sobre la mesa asuntos relacionados con derechos civiles, fortalecimiento institucional y garantías políticas.

Washington controla buena parte de la hoja de ruta

Estados Unidos considera estas conversaciones una oportunidad para avanzar hacia una transición política y ha respaldado públicamente el diálogo entre ambos sectores.

La estrategia estadounidense contempla un proceso dividido en etapas: estabilización política y económica, reconstrucción institucional y finalmente celebración de elecciones con nuevas garantías.

Ese protagonismo convierte a Washington en una pieza fundamental del proceso, pero también plantea interrogantes sobre el grado de autonomía que tendrán los actores venezolanos para determinar su propio futuro político.

La negociación deberá además superar el historial de diálogos fallidos entre chavismo y oposición acumulado durante años.

La diferencia esta vez es que el equilibrio político venezolano ha cambiado profundamente y Estados Unidos dispone de una capacidad de influencia considerablemente mayor sobre el desarrollo de los acontecimientos.

Venezuela vuelve a tener una oportunidad de reconstrucción institucional

El resultado de estas conversaciones podría determinar si Venezuela consigue iniciar finalmente una transición hacia instituciones competitivas o si entra en una nueva etapa de acuerdos parciales incapaces de resolver el conflicto político.

Las próximas discusiones sobre el Consejo Nacional Electoral, el sistema judicial, las inhabilitaciones y el calendario electoral serán especialmente importantes.

Más allá de quién termine controlando el Gobierno, la cuestión central será si el proceso consigue establecer instituciones suficientemente independientes para que la competencia política vuelva a depender de los votos y no del control de los organismos del Estado.

Por ahora, chavismo y oposición permanecen sentados en la misma mesa.

Pero sobre esa mesa también está Washington, cuya influencia convierte esta negociación en una de las más particulares y determinantes de la historia política reciente de Venezuela.