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Economistas elevaron sus previsiones de inflación para 39 de 50 grandes economías y redujeron sus expectativas de crecimiento para 32. El petróleo, las tensiones geopolíticas, los aranceles y el encarecimiento del crédito podrían prolongar durante varios años la presión sobre los hogares y las empresas.

La economía mundial se prepara para una etapa marcada por precios persistentemente elevados, tasas de interés más altas durante más tiempo y un crecimiento económico insuficiente para mejorar con rapidez las condiciones de vida de la población.

Una encuesta internacional realizada por Reuters entre el 29 de junio y el 27 de julio reveló que los economistas aumentaron sus previsiones de inflación para 39 de 50 grandes economías en comparación con las estimaciones publicadas en abril. Al mismo tiempo, redujeron las proyecciones de crecimiento para 32 de esos países.

El resultado muestra que el problema inflacionario no ha desaparecido. Después de varios años de aumentos en alimentos, energía, transporte y vivienda, los bancos centrales todavía enfrentan dificultades para devolver la inflación a sus metas sin provocar una desaceleración económica más profunda.

La reducción de la inflación perdió fuerza

El Fondo Monetario Internacional proyecta que la inflación mundial aumentará del 4.1 % registrado en 2025 al 4.7 % durante 2026. La institución prevé una moderación al 3.9 % en 2027, pero reconoce que el proceso internacional de reducción de precios se ha estancado.

La nueva presión proviene principalmente del encarecimiento de la energía y los alimentos. Los precios del petróleo se mantienen más de un 20 % por encima del nivel registrado antes del inicio de la guerra en Oriente Medio, después de haber superado temporalmente los 100 dólares por barril.

El FMI calcula que el petróleo podría promediar alrededor de 89 dólares por barril durante 2026, acompañado por un aumento de los precios del gas natural, los fertilizantes y el transporte. Bajo estas condiciones, el costo internacional de los alimentos podría crecer aproximadamente un 8 %, debido a que la producción agrícola depende de combustibles, fertilizantes y cadenas logísticas.

Esta combinación significa que incluso los países alejados de las zonas de conflicto pueden sufrir consecuencias económicas. Un barril de petróleo más caro eleva el costo de movilizar mercancías, producir electricidad, operar maquinaria, transportar pasajeros y distribuir alimentos.

El peligro de una nueva estanflación

El escenario empieza a ser descrito por algunos economistas como un choque de naturaleza “estanflacionaria”: una combinación de inflación elevada y bajo crecimiento.

Normalmente, los bancos centrales combaten la inflación aumentando las tasas de interés. Esto reduce el crédito y enfría el consumo, pero también dificulta la inversión empresarial, la compra de viviendas y la creación de empleo.

El problema actual es que buena parte de la inflación no proviene únicamente de un exceso de consumo. También está relacionada con guerras, energía costosa, interrupciones comerciales, aranceles y escasez de insumos.

Elevar las tasas no produce más petróleo, no abre rutas marítimas ni reduce directamente los costos de los fertilizantes. Sin embargo, mantenerlas bajas podría permitir que los aumentos iniciales se extiendan hacia salarios, alquileres, servicios y otros sectores.

Los bancos centrales deberán decidir entre tolerar una inflación más alta o aplicar políticas restrictivas que podrían debilitar todavía más la actividad económica.

El crecimiento mundial pierde velocidad

El Fondo Monetario Internacional estima que la economía mundial crecerá un 3 % durante 2026, antes de recuperarse hasta el 3.4 % en 2027. Aunque estas cifras no representan una recesión global, muestran una expansión desigual y vulnerable a cualquier nueva escalada geopolítica.

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos maneja una estimación más moderada bajo su escenario de interrupción temporal de los mercados energéticos. La OCDE proyecta que el crecimiento mundial disminuirá del 3.4 % de 2025 al 2.8 % en 2026, con una recuperación al 3.1 % durante 2027.

Las diferencias entre las previsiones responden a los supuestos utilizados sobre la duración de la guerra, la disponibilidad de petróleo, la evolución de los aranceles y la fortaleza de la inversión tecnológica.

Ambas instituciones coinciden en el riesgo principal: una prolongación del conflicto energético reduciría el crecimiento y mantendría la inflación elevada durante más tiempo.

El peor escenario acercaría varias economías a la recesión

La OCDE advierte que una interrupción prolongada del suministro energético hasta bien avanzado 2027 podría reducir el crecimiento mundial al 2.1 % en 2026 y al 1.8 % en 2027.

En ese escenario, varias economías entrarían en recesión o quedarían peligrosamente cerca de ella. La inflación mundial aumentaría 0.4 puntos adicionales durante 2026 y 1.3 puntos en 2027, obligando a muchos bancos centrales a elevar sus tasas entre 0.50 y 0.75 puntos porcentuales.

Las empresas enfrentarían simultáneamente menor demanda, financiamiento más caro, mayores costos energéticos y dificultades para importar insumos. Los gobiernos también tendrían menos espacio para proteger a la población, porque pagarían intereses más altos sobre sus propias deudas.

Una economía puede soportar temporalmente precios elevados cuando el empleo y los salarios crecen con fuerza. La situación se vuelve mucho más difícil cuando la inflación coincide con despidos, estancamiento salarial y reducción de inversiones.

La inteligencia artificial divide a ganadores y perdedores

La economía mundial no está desacelerándose de manera uniforme.

Los países vinculados a la producción de semiconductores, centros de datos, equipos informáticos y servicios de inteligencia artificial están recibiendo un impulso importante de inversión. Corea del Sur, Malasia, Taiwán y otras economías integradas en la cadena tecnológica pueden compensar parcialmente el impacto de la energía costosa.

En cambio, los países que importan petróleo y alimentos, pero participan poco en el auge tecnológico, enfrentan una situación más complicada. Deben pagar más por la energía sin recibir una expansión equivalente de inversiones, exportaciones o productividad.

El FMI describe así una economía global dividida entre países protegidos por sus exportaciones energéticas o tecnológicas y países vulnerables al encarecimiento de los productos básicos.

La inteligencia artificial puede sostener parte del crecimiento mundial, pero no necesariamente distribuye sus beneficios de manera uniforme.

Los aranceles complican el panorama

A la crisis energética se suma el aumento de las barreras comerciales.

Los aranceles pueden proteger temporalmente determinados sectores nacionales, pero también encarecen productos importados, maquinaria, piezas industriales y materias primas utilizadas por las empresas.

El FMI espera que el crecimiento del comercio mundial se reduzca del 5 % registrado en 2025 al 3.5 % en 2026, debido a los aranceles, la reorganización de cadenas productivas y las alteraciones en las rutas comerciales.

Cuando las empresas pagan más por importar componentes, deben elegir entre reducir sus ganancias, disminuir inversiones o trasladar el costo al consumidor. En muchos casos, terminan combinando las tres decisiones.

La incertidumbre comercial también afecta proyectos de largo plazo. Una empresa puede posponer la construcción de una fábrica si no sabe cuáles aranceles, impuestos o restricciones estarán vigentes dentro de dos años.

América Latina crecerá, pero lentamente

El FMI estima que América Latina y el Caribe crecerán aproximadamente un 2.4 % en 2026 y un 2.7 % en 2027. La región evitaría una recesión generalizada, pero mantendría un ritmo insuficiente para reducir rápidamente la pobreza, aumentar el empleo formal y cerrar las brechas sociales.

Los países importadores de combustibles podrían enfrentar mayores presiones sobre sus monedas, sus cuentas fiscales y el precio del transporte. Una depreciación frente al dólar encarecería todavía más el petróleo, los alimentos importados y el pago de la deuda externa.

Las tasas internacionales elevadas también pueden atraer capital hacia Estados Unidos y reducir el financiamiento disponible para las economías latinoamericanas.

Los bancos centrales de la región tendrán menos libertad para reducir sus propias tasas. Aunque necesiten estimular el crecimiento, un recorte demasiado rápido podría debilitar las monedas y reactivar la inflación.

El golpe llegará directamente a los hogares

Para las familias, el nuevo escenario podría traducirse en alimentos más caros, recibos de electricidad elevados, combustible costoso y créditos difíciles de pagar.

La OCDE calcula que alrededor de un tercio de sus economías miembros podrían experimentar una reducción de los salarios reales durante 2026. Esto significa que los ingresos nominales podrían aumentar, pero comprarían menos debido al incremento de los precios.

Las personas con menores ingresos son las más expuestas porque destinan una proporción mayor de su presupuesto a alimentación, transporte y energía.

Los sectores medios también enfrentarán presión mediante cuotas hipotecarias, préstamos empresariales, tarjetas de crédito y alquileres más caros.

Las empresas pequeñas sufrirán especialmente por la combinación de menor consumo, costos elevados y financiamiento restrictivo.

Las tasas podrían permanecer altas durante años

El regreso de la inflación obliga a reconsiderar la expectativa de que los bancos centrales reducirían rápidamente las tasas después de los aumentos aplicados en años anteriores.

El FMI prevé que la inflación subyacente regresará lentamente a las metas oficiales: hacia finales de 2027 en Estados Unidos y Japón, durante 2028 en la zona euro y alrededor de mediados de 2027 en el Reino Unido.

Esto implica que el crédito barato podría tardar más de lo esperado en regresar.

Los bancos centrales podrían realizar reducciones limitadas cuando la economía se debilite, pero cualquier nuevo aumento del petróleo o de los alimentos podría obligarlos a detenerse o incluso volver a subir las tasas.

El mundo entra en una etapa de crecimiento caro

La principal amenaza no es únicamente una nueva explosión inflacionaria ni una recesión mundial inmediata.

El riesgo más probable es una etapa prolongada de crecimiento débil acompañado por precios que bajan lentamente, crédito caro y mayor vulnerabilidad ante conflictos internacionales.

Los economistas todavía esperan que la economía mundial continúe expandiéndose, pero la prosperidad será desigual. Las naciones exportadoras de energía y tecnología podrían mantenerse relativamente fuertes, mientras los países dependientes de importaciones enfrentarán mayores dificultades.

El mundo no parece regresar a la inflación extrema observada durante las crisis anteriores, pero tampoco está recuperando con rapidez la estabilidad de precios.

La economía internacional podría acostumbrarse así a una realidad incómoda: crecer menos, pagar más y vivir durante varios años con tasas de interés que limitan la inversión, el consumo y las oportunidades de desarrollo.