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El crecimiento acelerado de los centros de datos obliga a construir nuevas plantas, redes de transmisión y subestaciones. El costo comienza a reflejarse en las tarifas eléctricas, mientras el Gobierno federal y varios estados buscan impedir que las familias financien la expansión tecnológica.

La carrera por dominar la inteligencia artificial está transformando silenciosamente el sistema energético de Estados Unidos. Los enormes centros de datos necesarios para entrenar y operar modelos avanzados consumen electricidad de manera continua, en algunos casos a una escala comparable con la demanda de ciudades enteras.

Este crecimiento está obligando a las empresas eléctricas a ampliar centrales de generación, líneas de transmisión, transformadores y subestaciones. El problema es quién debe pagar esas inversiones: las compañías tecnológicas que construyen los centros de datos o los millones de hogares y pequeños negocios conectados a la misma red.

Las estimaciones más recientes indican que los centros de datos podrían representar alrededor del 11,8 % de toda la electricidad consumida en Estados Unidos para 2030. Dependiendo del ritmo de instalación de servidores y chips especializados, la proporción podría situarse entre el 9,5 % y el 15,3 %. El escenario central calcula un consumo cercano a los 649 teravatios hora anuales, casi cuatro veces la electricidad utilizada por estas instalaciones en 2023.

La electricidad sube más rápido que la inflación general

La presión sobre la red coincide con un nuevo repunte de los precios energéticos. En mayo de 2026, el índice de precios de la electricidad residencial aumentó un 5,9 % interanual, mientras que la inflación general estadounidense se situó en el 4,2 %. Además, los ingresos promedio obtenidos por las eléctricas por cada kilovatio hora aumentaron un 6 % en abril frente al mismo mes del año anterior; en el sector residencial, el incremento alcanzó el 7,3 %.

El encarecimiento de la electricidad tiene un efecto directo sobre la inflación porque forma parte de los gastos habituales de los hogares. También genera un impacto indirecto: fábricas, comercios, restaurantes, sistemas de transporte y empresas de servicios trasladan parte del aumento de sus costos energéticos al precio final de sus productos.

Sin embargo, los centros de datos no son la única explicación. El costo del gas natural, la modernización de redes antiguas, los fenómenos climáticos extremos, las inversiones para prevenir apagones y las estructuras regulatorias de cada estado también influyen en las tarifas. La IA actúa como un acelerador dentro de un sistema que ya necesitaba inversiones considerables.

Uno de cada tres hogares enfrenta inseguridad energética

El aumento resulta especialmente delicado porque millones de estadounidenses ya tienen dificultades para cubrir sus necesidades energéticas. Los datos preliminares correspondientes a 2024 muestran que aproximadamente un tercio de los hogares experimentó algún tipo de inseguridad energética, categoría que incluye problemas para pagar las facturas, reducir otros gastos esenciales o mantener la vivienda a una temperatura segura.

Otro estudio sobre las condiciones económicas de los hogares encontró que un 34 % había reducido o postergado gastos básicos para poder pagar la energía doméstica. Esto puede significar gastar menos en alimentos, medicamentos, transporte u otras necesidades para evitar un corte del servicio.

La situación golpea con mayor fuerza a las familias de bajos ingresos, porque la electricidad representa una proporción más alta de su presupuesto. También afecta particularmente a los estados con veranos muy calurosos o inviernos extremos, donde dejar de utilizar aire acondicionado o calefacción puede convertirse en un riesgo para la salud.

Las tecnológicas tendrán que asumir el costo

La preocupación ya llegó al centro del debate político estadounidense. En marzo de 2026, Amazon, Google, Meta, Microsoft, OpenAI, Oracle y xAI firmaron un compromiso con la administración de Donald Trump para construir, contratar o financiar nueva capacidad de generación y cubrir las ampliaciones de infraestructura necesarias para sus centros de datos.

El acuerdo también contempla tarifas separadas para estas grandes instalaciones y la obligación de pagar por la capacidad energética reservada, aunque posteriormente no consuman toda la electricidad contratada. El objetivo es evitar que las inversiones construidas específicamente para la industria tecnológica terminen incorporándose a las facturas residenciales.

No obstante, se trata de compromisos que deberán convertirse en contratos concretos con compañías eléctricas, gobiernos estatales y operadores regionales. Su efectividad dependerá de la supervisión regulatoria y de que las empresas no transfieran indirectamente esos costos a otros usuarios.

Oregon abre el camino

Algunos estados ya están aplicando medidas más estrictas. Oregon aprobó una nueva estructura tarifaria bajo la cual los centros de datos y otros grandes consumidores atendidos por Portland General Electric pagarán, en promedio, un 29 % más por la electricidad. Al mismo tiempo, las tarifas de los demás clientes de la compañía disminuirán.

La reforma busca que las instalaciones que generan una demanda extraordinaria cubran la expansión de la red necesaria para atenderlas. Las autoridades estatales consideran que los hogares y los pequeños negocios no deben subsidiar el crecimiento de corporaciones con capacidad suficiente para financiar su propia infraestructura energética.

Este modelo podría ser replicado en otros territorios con alta concentración de centros de datos, especialmente en regiones donde las compañías tecnológicas solicitan conexiones de cientos o incluso miles de megavatios.

Una carrera tecnológica condicionada por la energía

La paradoja para Estados Unidos es que necesita ampliar rápidamente su infraestructura de inteligencia artificial para competir con China y otras potencias, pero también debe evitar que esa expansión agrave el costo de vida.

La construcción de nuevas centrales nucleares, plantas de gas, parques solares, sistemas geotérmicos y baterías podría incrementar la oferta. Sin embargo, muchas de estas inversiones tardan años en completarse, mientras los centros de datos pueden entrar en funcionamiento con mucha mayor rapidez.

El desafío no consiste únicamente en producir más electricidad. También será necesario modernizar las redes, distribuir adecuadamente los costos y exigir una mayor eficiencia a los propios sistemas de inteligencia artificial.

La IA promete elevar la productividad y reducir costos en numerosas industrias a largo plazo. En el corto plazo, sin embargo, su infraestructura está creando una nueva fuente de presión sobre la energía, las tarifas domésticas y la inflación. La factura de la revolución tecnológica ya comenzó a llegar, y la disputa política se concentra ahora en determinar quién deberá pagarla.