Tras casi 20 años de control político sobre la Franja de Gaza, Hamás anunció la disolución de su gobierno civil y la transferencia administrativa a un comité tecnócrata palestino. Sin embargo, lejos de ser recibido como una señal definitiva de transición, el movimiento fue observado con profunda desconfianza por Israel y con cautela por el esquema diplomático respaldado por Estados Unidos.
El anuncio fue presentado por Hamás como un paso para facilitar la administración civil de Gaza bajo el actual acuerdo de alto el fuego. Según Reuters, el grupo afirmó que disolvió su gobierno de facto y que está listo para entregar la gestión a un Comité Nacional para la Administración de Gaza, integrado por tecnócratas palestinos y contemplado dentro del plan respaldado por Estados Unidos.
Pero el problema central sigue intacto: Hamás no ha entregado sus armas. Para Israel, ese punto convierte el anuncio en una maniobra insuficiente, más simbólica que real. El ministro israelí de Exteriores, Gideon Saar, sostuvo que la disposición de Hamás a “hacer espacio” para un gobierno tecnócrata estaría diseñada para evitar su propio desarme. También advirtió que, mientras el grupo conserve sus armas, cualquier autoridad civil en Gaza operará bajo su influencia.
La reacción israelí fue todavía más dura en medios locales. Funcionarios israelíes citados por The Jerusalem Post describieron el movimiento como una estrategia para ganar tiempo, aliviar presión internacional y preservar el poder real de Hamás detrás de una fachada administrativa. Según esas fuentes, Israel no considera suficiente la disolución de un órgano civil si el aparato militar del grupo permanece operativo.
Estados Unidos también observa el proceso con cautela, aunque desde una posición diplomática más medida. La Junta de Paz designada por Donald Trump, encargada de supervisar el plan para Gaza, tomó nota del anuncio, pero dejó claro que evaluará “acciones, no promesas”. Esa frase resume la posición de Washington: la transferencia administrativa solo tendrá valor político si se traduce en control efectivo, desarme y una autoridad única dentro del enclave.
Hamás no incluyó una promesa de desarme unilateral, pese a que Israel y Estados Unidos han exigido ese paso como condición esencial para avanzar en la transición. Además, el Comité Nacional para la Administración de Gaza no ha podido entrar al territorio desde su creación en enero, debido al bloqueo israelí, lo que añade dudas sobre la viabilidad práctica del traspaso.
El comité, encabezado por Ali Shaath, se presenta como una estructura técnica y civil para administrar servicios públicos, ministerios y reconstrucción. Sin embargo, el propio Shaath ha señalado que el éxito de la transición depende de un principio clave: una sola autoridad, una sola ley y un solo control sobre las armas. Esa fórmula choca directamente con la negativa de Hamás a desarmarse mientras Israel mantenga presencia militar en gran parte de Gaza.
La disolución del gobierno de Hamás representa, en términos formales, el mayor gesto político del grupo desde que tomó el control de Gaza en 2007. Pero para Israel y Estados Unidos, el gesto no equivale todavía a una renuncia real al poder. La pregunta de fondo no es solo quién administrará los ministerios, sino quién controlará la seguridad, las armas, la policía y la capacidad de coerción dentro del territorio.
Por eso, el anuncio abre una transición cargada de incertidumbre. Hamás intenta mostrar disposición a abandonar la gestión civil de Gaza, pero sin ceder su estructura militar. Israel interpreta esa fórmula como una simulación de cambio. Y Estados Unidos, aunque impulsa el comité tecnócrata como salida institucional, exige pruebas concretas antes de considerar que el proceso avanza.
En la práctica, Gaza entra en una zona gris: podría haber una administración civil nueva, pero bajo la sombra de una estructura armada que sigue sin someterse a una autoridad externa. Mientras ese punto no se resuelva, la desconfianza de Israel y Washington seguirá marcando el futuro del alto el fuego, la reconstrucción y cualquier intento de gobernabilidad estable en la Franja.